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lEOP. Y fiUSTAVO AGUERREVEBE 

CARACAS '.tBhí,^m 





THE LIBRARY OF THE 

UNIVERSITY OF 

NORTH CAROLINA 




ENDOWED BY THE 

DIALECTIC AND PHILANTHROPIG 

SOCIETIES 



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TIP. VARGAS — CARACAS 

l60p. V Gustavo Agiicrrcvcrc 
1914 



INTRODUCCIÓN 



a i.os poetas no i.es gusta cai.i.ar, 
oüif/ren exhibirse a i^a mui.titud. 
Necesitan dei« eeogio y de i,a cen- 
.suka! 

Ninguno se confiesa voi^unta- 

RIAMENTE EN prosa; PERO AMAMOS 
I.AS CONFIDENCIAS BAJO El< ROSAI., EN 
EL DISCRETO JARDÍN DE LAS MUSAS. 

(GCKTHK). 



Digitized by the Internet Archive 
in2013 



http://archive.org/details/momentosOOarro 



INTRODUCCIÓN 



Amigos, son momentos, nada más que momentos... 
No imaginéis un trazo de alma definitiva: 
Emociones fugaces, rápidos pensamientos, 
breves palpitaciones sobre la carne viva. 

La efigie de mi alma ? Pues un alma cualquiera... 
Yo querría que fuese menos triste y vulgar; 
que inmortal ondease como una bandera 
que triunfó en tierra firma y otra vez en el mar. 



* 
* 



Con frecuencia me exhibo taciturno y apático, 
y aburro con mi modo de ser: un displicente. 
Soy un hombre callado; soy un hombre que siente; 
en fin, amigos míos, soy un hombre antipático. 

Soy un hombre antipático, si no es en los momentos 
en que el remanso pierde su fastidiosa calma, 
y a las guijas que arrojan sutiles sentimientos^ 
tiembla la superficie de cristal de mi alma. 



ímpetus sufro a veces de un poeta de kábila, 
e ímpetus de ternura mansa como el romero; 
¡ una vez que de pronto vi la gloria del Avila 
me avasalló el impulso de lanzarle el sombrero ! 

A ratos me sorprende, cual dulce panorama 
de luna en la onerosa travesía de un monte, 
cierta melancolía que mi espíritu ama 
como si definiese mi único horizonte. 

Me exultan las mollares huertas del misticismo, 
y di en la flor un día de imitar a Tolstoy; 
diez y siete años eran mi lote; soy el mismo, 
pero ya por senderos más ordinarios voy. 

Amo, como los viejos infantes españoles, 
del campo las diilzuras... pero cosas más raras ! 
nunca he gustado estarme ni un mes a sus resoles, 
en el cobijo rústico, junto a las fuentes claras. 

* 
* * 

Al yo de los candores literarios adoro; 
pero fuera del verso rehuyo su portal: 
qI yo de los poemas es ápice y decoro, 
el de la vida es agio, tiranía, dogal ! 

Oficio de poeta, retando la censura 
del mercachifle, centro de odio y amenaza. 
Nuestra sangre latina sea cabal y pura 
y el verso timbre el oro sin liga de Ja raza. 

Me precio — oh corto honor de mi literatura ! — 
de que, no obstante el ñudo que a las letras meaferra, 

— 6 — 



jamás a ningún ente racional de la tierra 

he impuesto el ominoso tortor de una lectura. 

De algo que está en el alma del lirista y del hombre 
quisiera hablar... Oh numen ! los cabellos te mesas ! 
Pero impudicia fuera mentar hoy su almo nombre 
sin la ruda explosión de las iras represas. 

Como bridón cerrero las fieras bridas tasco 
de frente al porvenir cuyo plano diseño: 
¿A dónde iré? Cibaris, Jerusalén, Damasco ! 
Vuestros caminos se abren en frente de mi ensueño. 



* 



De la contemporánea literatura es moda 
el sabroso egoísmo de los autoretratos: 
A la pose en usanza mi efigie se acomoda 
y os quedan mis perfiles hechos a garabatos. 



7 — 



EN NOMBRE 
DE LOS ESTUDIANTES 

AL MARQUÉS DE LA PUERTA. 

Flores enviáis, Embajador de España, 
a los que saben apreciar las flores, 
por algo más que por la tersa entraña, 
p por la rica emanación de olores. 

Y no contento de brindar favores 
en ramillete que almo el iris baña, 
la frase nos decís que lo acompaña 
y es más bella, si cabe, que las flores. 

Marqués, la flor es signo de hidalguía 
y la carta nos habla de harmonía, 
de gratitud cordial, de fiel cariño... 

A Vos, la juventud llena de gozo, 
devuelve, por las flores, alborozo, 
y por la carta, una emoción de niño! 



— 9 — 



GARCILASO 

Aquel que allí viene luciente de raso, 
en el mirar y el andar gallardía, 
entre los labios rumor de harmonía, 
hijo de Toledo, quién es? — Garcilaso. 

Ese de Petrarca vació la ambrosía 
en el rubio seno de ibérico vaso, 
y si se adelanta marcial en el paso, 
es porque en las huestes bregó de Pavía. 

El es el que ha dicho con gracia de encanto, 
en fáciles versos y límpido canto, 
amores del valle, la fuente, la cima. 

Y bravo y poeta, lo llama la Historia, 
si muere ante Frejus, — hijo de la gloria, 
si borda sus églogas, — padre de la rima. 



10 — 



LUIS DE LEÓN 

¿ Y pasas tan oculto que apenas si te miro, 
rosicler de Granada, dulce Luis de León? 
¿Será que te recojes en alas de un suspiro, 
y vuelas a las cumbres de ensueño y emoción ? 

¿ Esa tu boca humilde, la del celeste giro, 
no podrá deleitarme con alguna canción ? 
¿O armarse cual ballesta que arrojará su tiro 
contra aquel Don Rodrigo de bastarda pasión ? 

En la «noche serena» y en «la vida del campo», 
cuando boga tu espíritu, como albísimo ampo, 
en las claras regiones de los suaves contentos, 

el trovador se dice, lleno de poesía, 
i feliz ! tuvo la estrofa de divinos acentos ! 
¡ feliz ! tuvo la llave de la sabiduría ! 



11 



LOS AGASAJOS (*) 

De gozo me conmuevo porque Rubén Darío 
ya roza las estrellas que su frente reclama. 
Muy bien están los juncos a la margen del río, 
pero mejor los astros sobre el que ungió la fama. 

Nos place que al glorioso de legítimo peso 
lo abrumen las preseas del triunfo soberano. 
El cultor, en su granja por la faena preso, 
debe alcanzar un día los frutos con la mano. 

Mi alegría es tan honda cual un furor contrario. 
Yo me enfurezco y grito, vocifero y farfullo, 
cuando miro a la lea vil del turiferario, 
coronar la cabeza chata de Perogrullo. 

Es de los cisnes blancos, el tuyo, Nicaragua ! 
— lo dice quien rehuye las exageraciones — 
Cisne al fin, en el reino reflejante del agua 
se ha familiarizado con las constelaciones. 



(*) Con motivo de manifestaciones de admiración en honor de;l 
poeta de "Azul". 

— 12 — 



Cuando vibró su trompa, se recordó al Ariosto, 
cuando su lira, al valle risueño de Valclusa, 
y el gusto de sus himnos era el de un nuevo mosto 
que en las odres vertía de la española Musa. 

En el habla de Lope, que amarteló Quevedo, 
no relucía el ritmó toda su aristocracia, 
porque el numen huía por servil — y por miedo — 
de los óleos que otorgan al poeta la gracia. 

Y llegó este lirista con el ramo de olivo 
para anunciar el término de general diluvio, 
y del arca volóse, donde fuera cautivo, 
un verso rodeado por generoso efluvio. 

Darío amó su época, y sus labios modernos 
hablaron las eternas cosas de poesía : 
cosas de las alturas, cosas de los infiernos, 
cosas de la pureza, cosas de la ironía. 

Cuando la dio luciente, con rara vestidura, 
muchos se consternaron al ver la nueva estrofa : 
Brillaron los cocuyos de luz en la espesura 
y un incendio temía la prudente alcachofa. 

¡ Q^^ grita la que entonces elevara la plebe ! 
Gritaban: ¡ a la cárcel ! [ a la mar ! ¡ al patíbulo ! 
Y el poeta? Impasible ! — En la avenida llueve 
¡ y el transeúnte fuma sereno en im vestíbulo ! 

Se ufanaba Darío porque vistió de traje 
diferente, a la Musa que galán enamora : 

— 13 — 



Era un traje que trajo de sublime viaje 

a las caleidoscópicas damascos de la Aurora, 



* *. 



De gozo me conmuevo porque Rubén Darío, 
ya recibe las flores que su gloria reclama. 
Caen sobre las rosas las gotas del rocío 
y sobre los poetas las rosas de la fama. 

Y si numen su espíritu disemina opulento, 
si a una liemos gozado con su pico de oro, 
vaya la apoteosis como delgado viento 
a orear la frente de Darío sonoro ! 



— 14 



LA GALA DEL NIÑO 



A más de las gracias sencillas, 
a más de frescura del alma, 
algo, del niño en las mejillas, 
es como timbre y como palma. 

Estén en dulce pensamiento 
embebecidos, o en más grave, 
siempre la rosa tiene aliento 
en la infantil mejilla suave. 

Estén con lágrimas copiosas, 
o en el bullicio de una trisca, 
siempre deleita un par de rosas 
sobre la blanda faz arisca. 

Y sólo faltan algún día, 
cuando se postra el niño enfermo, 
y sus mejillas son el yermo, 
y su palor la nieve fría. 

También se ausentan cuando falta 
pan al anhelo de los labios 
y la miseria, ruda y alta, 
derrama lívidos agravios. 

¡ Oh, niño, puro sol naciente ! 
j Oh, ruborosa y tersa nube 
sobre los cielos de su oriente ! 
¡ Oh tiempos en que yo las tuve ! 

— 15 — 



EL HERALDO 

Gloire au ciel bleu qui peut, sans s'épuiser jamáis, 
Faire de dépenses d 'aurore ! 

(V. H.) 

Ya va a surgir la rubia ninfa aurora 
de la cambiante concha donde mora, 
y anuncian su venida a los espacios 
embajadas de perlas y topacios. 

El llano entero, todo el llano duerme, 
y está con él su majestad dormida; 
más ya despertará del sueño inerme 
y agitará el olaje de su fastuosa vida. 

Parece que no existen lucios picodeplatas, 
ni canoros turpiales ni alegres paraulatas. 
Los amables cantores descansan recogidos 
en la tibia penumbra de sus aéreos nidos. 

Sólo de cuando en cuando rompe el tupido velo 
del silencio total, algún polluelo, 
como los niños, antes del despertar 
lo rompen en la santa mansuetud del hogar. 

Yacen las arboledas en sosiego: 
los árboles adoran al dios fuego 
y esta es la hora clásica del ruego. 

— 16 — 



Tiemblan, junto al mutismo de las cosas, 
— gris enjambre de espíritus — neblinas misteriosas. 
Como esperando que su aliento esparza 
la aurora, duerme lejos una garza 
que apuesta en la ribera de impasible remanso, 
delira con su novio puro, de nieve, manso. . 

Por intervalos corre, cual un escalofrío, 
céfiro, a quien los árboles consideran impío; 
y es tan débil su arrullo y tan flébil su beso, 
que no parece el mismo duendecillo travieso. 

Pasa, y apenas mueve la movediza hierba, 
la que guarda atavíos de aljófar, en reserva 
de futuros honores a la diosa del día: 
rubia maravillosa como la Poesía. 

Por donde miro admiro cual laro:uísimas sedas 
acintadas y lisas, infinitas veredas. 
...¡ Oh, por una de ellas irrumpe desbocado 
y, avanza, potro alígero del potrero escapado ! 
Es cual pájaro enorme cuyas alas son blancas, 
porque al potro le albean en el aire las ancas. 

Jop ! Jop ! Jop ! . . Ese trítono potro cerrero 
¿ pensará dar la vuelta al mundo entero ? 
De su crin ondulante se levantan las hebras, 
y en el aire se tuercen, airadas culebras. 

Ah ! yo sueño, mirando su indomable potencia, 
; -el triunfo de oponerle gloriosa resistencia... 



17 



Pero ya pasó el potro ¡ y fui triste jilguero 
al lado del robusto animal llanero ! 

Me arrastraría el monstruo, como arrastra la ola 
una leve arenilla, cuando el tumbo enarbola. 
¡Sigue, sigue, potranco de las lúcidas ancas, 
ave que corre y vuela con sus dos alas blancas ! 
El no escucha; se para con parada que asusta, 
en majestuoso arresto de un alazán de justa ! 

En oriente, cual joya que conducen querubes, 
despunta el sol en un joyel de nubes, 
i Ustedes, si no han visto la diminuta perla 
del sol naciente, corran pronto a verla ! 
Es el ojo de un dios, que por el orto 
se asoma a ver su creación absorto. 

Lo ve el potro y eriza sus cerdas vanas, 
yergue el altivo cuello y las narices hincha; 
y para despertar las dormidas sabanas, 
heraldo del rey sol, vigoroso relincha ! 



— 18 — 



SAMARITANA 



Llega Jesús hasta el brocal. Tú esperas... 
^A quién esperas tú, Samaritana, 
posando allí tus lánguidas caderas 
y el fausto de tus carnes de manzana ? 

Nadie sabe por quien te estás inerte 
junto a las nobles aguas cristalinas. 
Llega Jesús: no llega para verte; 
ya en su visual de ángel lo adivinas. 

Tú piensas: «Quién será? Nunca lo he visto. 
No es de Samaria su ideal figura». 
Y sientes contemplando al rubio Cristo, 
cierto desquiciamiento de ternura. 

Dirigiéndose a ti (Rebeca? Sara?) 
Dice Jesús: «Tus cántaros van llenos». . 
El tiene sed de un sorbo de agua clara; 
Tú, de sus grandes ojos nazarenos. . 



— 19 — 



LA TRAVESÍA 



« . . . . En las marchas se 
le veía siempre algo in- 
quieto y procuraba distraer 
su impaciencia entonando 
canciones patrióticas». 

Ant. dk Páez. 



Siempre brindó la guerra 
panoramas nefastos, cuadros viles; 
pero en este momento sus desfiles, 
de hombres, de caballos y fusiles 
condecoran el busto de la tierra. 

Por los altos y bajos de la sierra 
va el ejército en marcha, con tranquila 
majestad que se cubre de reflejos 
y soberbia rehila 
como legión de espejos. 
Bn perfilados grupos de estatuaria 
va, con su policroma indumentaria, 
y finje, desde lejos, 
los florales cortejos 
donde la proletaria 
pascua azul desenrosca sus festones 
sobre los crisantemos y pompones. 



20 



Salieron de Trujillo y de Barinas 
y por faldas andinas 
van hacia la remota Cartagena, 
cindad caduca, rítmica, serena, 
que acoje reverente, bajo palmas, 
sus muros, menos recios que sus almas. 

El sol cae de plano, intensamente, 
escociendo la frente 
de infantes aguerridos, 
acostumbrados al calor ardiente 
que en la playa marina se estaciona 
y en la enorme sabana 
y montes engreídos, 
como alarde febril de nuestra zona 
que de su gesta vegetal se ufana. 

Vienen adelantando por desiertas, 
broncas escarpaduras, 
y en las tristes llanuras 
dejaron medio muertas 
al gope capital de las reyertas, 
mil ciudades oscuras*, 
y no hay muros ni puertas 
que resistan a sus musculaturas. 

Más ya los turbulentos 
progresan graves, lentos, 
y en la severidad de sus miradas 
y en sus torvos alientos, 

— 21 — 



hay escenas fatídicas gravadas, 
hay rencores violentos. 

La legión va en silencio. Avanza muda: 
es qu'el sol la amodorra, y es que duda, 
tal vez, de la victoria, 
y es que rudos reveses militares 
logran menguar los mares 
de valor, que tributan a la gloria. 

La legión va en silencio. 

No se escucha 
sino el rumor de los acordes pasos 
y el trote señoril de los corceles. 
En la próxima lucha 
medrosos piensan campeones lasos, 
pero los más deliran con laureles ! 

Al entrar a estrechísima garganta 
donde se acrece la tristeza augusta, 
y en una elevación que al bravo asusta 
si advierte lo que hay bajo su planta 
en abismos que el vértigo pregusta, 
un hombre corto de estatura, pero 
tenaz, pugnaz como broquel de acero; 
un hombre que en la trocha se adelanta, 
semiarropado en voladiza manta, 
sobre corcel que es un escalofrío, 
presa de la inquietud, se yergue y canta 
una canción que imita el rudo acento 



de un ímpetu de viento, 
una canción de arranques y de brío, 
una viril canción que lo agiganta 
en medio del cansancio y del hastío. 



— 23 — 



UN CALLEJÓN 



Un callejón elástico y sombrío 
bañado en un viril frescor de río; 
pictórico de ritmos y fragancia 
como aquel (salve! ) que gocé en mi infancia, 
Un callejón trazado entre dos filas 
de mangos, de naranjos y de lilas. 

i Y lanzarme por ese™callejón 
sobre el lomo boyante de un bridón ! 



— 24 — 



EL RUEGO 

Apuraba un desfile de copas de cerveza. 
De lúpulo invisible ceñía la cabeza. 
Era un hombre de ojos vivaces y castaños, 
en la edad-precipicio de los cincuenta años. 
Acaso en otros días fuera virtuoso y bello: 
el alcohol ahora le retorcía el cuello. 

El alcohol, por fáciles y mezquinas hazañas, 
revolvía con hierro candente sus entrañas, 
lo excluía de todos los deberes y ritos 
que no fuesen de orden en sus templos malditos; 
lo encadenaba el solio de la salaz taberna, 
como el cíclope a Ulises en lúgubre caverna. 

Oscilaba su busto sobre la silla fuerte 
como sufriendo múltiples tracciones de la muerte. 
Sesgaba dos pupilas torvas y vagabundas 
como estrellas fugaces en las noches profundas. 
Sobre su faz rodaba la sombra primitiva, 
la que en los trogloditas prehistóricos priva. 



Enfrente de aquel hombre, junto a la misma mesa, 
vi sentarse un muchacho de cabellera espesa, 
un niño con el rostro melancólico y fino 

— 25 — 



como los que en sus hombros llevara el Gibelino; 
un gandul que evocaba las alburas más grandes: 
la blonda galaxia, la nieve de los Andes. 

Y vi que hablaba el ángel con el padre beodo. 
¡ Sirio, Sirio nostálgico, se reflejó en el lodo ! 
No pude oír las voces que modulaba el niño 
con la boquita hermosa cual diminuto escriño; 
pero sí las traduje. No eran cosas tranquilas. 

i Qué angustia delataba la luz de sus pupilas ! 

Palor de desespero le invadía la frente, 
y borraba del labio la rojura nitente... 
Suplicaba al beodo que volviese al hogar, 
junto a la esposa triste, junto al crío mollar; 
le rogaba rompiese la copa de licor 
i por la paz de la vida, por la voz del amor ! 

De su afección de hijo le prometía excesos, 
le prometía abrazos, le prometía besos, 
si desechaba el jugo que la uva destila, 
el jugo traicionero que besando aniquila. 
Le tomó de la mano mostrándole la puerta, 
la que el vicio tan sólo para entrar mira abierta. 

Y lo repulsó el bárbaro con ademán de furia 
porque en el noble intento vio insuperable injuria, 
y ante la rudeza de un feroz ademán 
prescindió el tierno hijo de su glorioso afán. 
...Entre la zalagarda de artificiales gozos 

se oyeron como toque funeral sus sollozos. 



* 



— 26 



Los profundos sollozos me partieron el alma 
como parten los cierzos la hoja de la palma... 
Al mirar junto al padre la vil copa de vino, 
experimenté el máximo rencor de un asesino. 
En ceguedad de ira, fuera del ser-ecuánime, 
ansié que cayese el bebedor exánime. 

Anhelé mis palabras sumar a las del niño, 
por inconsciente impulso de piadoso cariño; 
a su elocuencia máxima quise prestar apoyo 
i auxiliar al océano pretendía el arroyo ! 
Quise añadir mis súplicas a las del inocente, 
i y sentí que incendiaba la exaltación mi frente ! 

Pero me dije entonces: ¿ Podré yo más que él ? 
¿Tengo todas sus lágrimas? ¿Tengo toda su miel? 
¿Tengo la melancólica dulzura de su rostro? 
¿ Como su tierna súplica yo mi súplica postro ? 
¿ Me cubre la inocencia con su candido manto ? 
¿ Cae mi voz de ruego cual un hilo de llanto ? 

¿ Yo, que soy un extraño, pensaré que me aflijo 
como él, con las hondas afecciones del hijo? 
¿ Riega acaso mis ojos la fluyente frescura, 
la humedad deliciosa de la infantil ternura? 
¿ Por más que sea ingenua de qué vale mi instancia ? 
En el ruego ¿quién triunfa sino triunfa la infancia? 

Ni el lloro de Veturia ni el treno de David 
pueden contra el influjo seductor de la vid. 
i Pobre hombre beodo ! Pobre muchacho tierno ! 
Frente al vicio perenne fluye un dolor eterno... 

— 27 — 



LIMINAR 



Para un libro. 

Trozos de hebillas, 
mil laminillas 
de vidrio y cobre; 
artes sencillas, 
min/cia pobre. //^ 

Media arracada 
semidorada, 
mil bujerías, 
coqueterías 
de níquel j nada ! 

Brilla un tesoro. 
¿Qué es? Granalla. 
No hallar deploro 
ni el grano de oro 
de una medalla ! 



— 28 



HISPANISMO 



Pues soy nieto de un genuino 

español, 
dadme un vaso del bou vino 

español. 

Pues hablo el sabroso idioma 

español, 
bríndeme el clavel su aroma 

español. 

Pues de mi vida es el lema 

español, 
dadme a leer un poema 

español. 

Pues soy por alma y por trazo 

español, 
¡ dáine, española, un abrazo 

español ! 



— 29 — 



CONCUPISCENCIAS 

Ansio lo que advierto. — Pasa un toro, 
y de su robustez quiero el tesoro ! 



Pasa fugaz un ave, 
y oh ! febril ansiedad de un vuelo suave ! 

Si ante mi vista un árbol se levanta, 
me perturba el anhelo de ser planta. 

Si algún limón suelta su grato aroma, 
oigo en mi corazón: ¡ Quién fuera poma ! 

Miro caer a tierra un hombre inerte, 
y en mí se esboza el ansia de la muerte. 

Oigo un clarín guerrero, 
y quisiera portar broquel y acero. 

Te escuché alguna vez oh! Víctor Hugo! 
¡ Desde entonces del verso arrastro el yugo ! 



— 30 — 



VILLA MONUMENTAL 



Forgive me that I cannot speak 

definitively on these mighty things. 

(Keats). 



Caracas, dorado recinto, 
albergue de blando calor, 
es una moderna Corinto 
donde a buril surge el extinto 
pasado, fuerte y luchador. 

Y en donde a la vez se reanima 
— cupo flora en corto jardín — 
a héroes de pincel o rima, 
y a todo el que la gloria mima 
con su invalorable mohín. 

Luce, — cual bosque de Dodona 
árboles de pompa inmortal, — 
estatuas que el recuerdo entona 
I estatuas que son tu corona 
mi querida ciudad natal ! 

Abre con fausto su capullo 
tu gloria, en marmóreo sostén, 
y yo, poeta humilde, arrullo 

— 31 — 



esos braceos del orgullo 
sobre las olas del desdén! 



Ya es Bolívar, quien nos saluda 
clavado en fogoso corcel; 
ante su continencia muda 
no hay pensamiento que no acuda 
a oblacionarle algún laurel. 

Ya es Páez. Parece que avanza 
por el aire, en fiero bridón, 
y en el brazo la aguda lanza 
que dijos a uno : Esperanza 
y a otros : Desesperación. 

Páez, heroico, fuerte, probo, 
con nerviosidad de alazán, 
quien patentizó en Carabobo, 
que aún agotado el arrobo 
sobraba poder a su afán ! 

O es Colón el navegante, 
el denodado genovés, 
quien señala un mundo distante 
con el gesto de un dios gigante 
que tiene la mar a sus pies. 

O es Sucre o el noble Miranda . . . 
Ricaurte, repuesto a buril... 
Nombres grandes que el tiempo agranda 

— 32 — 



cuanto más progresa y más anda . . 
O es el Monumento de Abril. 

O es, eii lo alto de la Torre, 
la dulce imagen de la Fé, 
a cuya vista el duelo corre; 
imagen que hoy no me socorre 
y que de niño veneré! 



¡ Felices los merecedores 
de la eterna resurrección 
entre los marmóreos candores 
o los broncíneos resplandores 
que da el arte de Alcimedón ! 

Ah ! yo envidio, colmo de anhelo, 
a la gloriosa multitud 
que erguida entre el suelo y el cielo, 
nos tiende magnífico velo 
de triunfos y de excelsitud. 

Y admiro cómo los potentes 
que fueron de vida raudal, 
no conmueven las altas frentes 
entre los vahos repelentes 
de nuestra ciénaga moral. 

* * 
El mismo cielo con estrellas 
— campo de espigas de maiz — 
el Guaire copíalo, y son ellas 

— 33 — 



sobre su linfa, efigies bellas, 
alegoría del País ! . . . 

De mi país venezolano, 
rico en oro y en oropel, 
cuyo cielo copia su llano; 
¡ sobre el que Dios abrió la mano 
para que mane leche y miel ! 

* * 

También álzanse — moles foscas — 
estatuas de hombres de raez, 
dignos de ser pasto de moscas 
por sus almas viles y toscas... 
i Hasta la gloria tiene hez ! 

¿Digo sus nombres?... Se les calla. 
Quién no conoce en la Nación 
a la malévola canalla? 
Quien los recuerda en ira estalla, 
i ira santa del corazón ! 

* * 

Cuando en el amado recinto 
pienso de mi natal ciudad, 
miro resurgir a Corinto, 
de estatuas regio laberinto, 
fuerte, como la eternidad... 

Como previo Naturaleza 
su formidable gestación 
en heroísmo y en grandeza, 

— 34 — 



le dio, en el Avila, la pieza 
donde entallara su legión. 



*■ 
* * 



i Oh, mi heroica villa de Pon ce 
de León, quién pudiera decir 
que tras de tu malla de bronce 
se oye un pecho de oro latir ! 



— 35 



DETRITUS 

Se achanta en un sillón, arrepentido. 
Es lunes. 

Qué locura de domingo ! 
Fué un aquelarre de pasiones. 

Siente 
los detritus de todas en las sienes. 

* 

La cantina y amigos y la ronda 
fuerte, aprehénsil y fatal de copas... 

Priinero fué el Vermouth, que abrió las fauces 
de la sed de embriaguez y de exultantes; 
y luego, en turba irreflexiva y ciega, 
pasaron, rehinchendo las arterias, 
el anís, sonriente como el agua, 
y en cuyo seño Loreley aguarda; 
el «Cognac» el del ópalo insinuante, 
promisor de tesoros que no trae; 
el Chartreuse verde, pócima felina, 
garra de los cartujos que suplida, 
y por fin el Champán, que bulle, hierve, 
que impone la ascensión cual una hélice ! 



— 36 — 



Todo cayó en la sangre, y en la sangre 
corrió como tropel de hordas salvajes, 
removió las entrañas y a las células 
cerebrales fué en son de cruda guerra, 
y allí, con im furor de torrentera, 
arrasó brutalmente las ideas... 
Luego fué un gran sopor de bestia zurda, 
cuando mordía una sublime pulpa. 

Se siente digno de la horca. Ansia 
algo que limpie, como la ceniza, 
algo que purifique sus veinte años 
que caen, negras moscas, en el vaso 
de seductores y obsedentes brillos, 
en el vaso irrompible de Dyonisos. 

Evoca triste, y entre las dos manos 
hunde las sienes el desesperado... 
( De sus dos manos las cerúleas venas 
raza de fina selección revelan), 

Y dice para sí : ¡ Pobre cerebro ! 
¿ Por qué ahogar en alcohol tus versos ? 



— 37 



LA VACA 

La vaca es negra, enteramente negra; 
es en negro mayor la sinfonía. 
Ni im punto blanco su pelaje alegra. . . 
A Menelick brindara yo la cría. 

El azabache de su piel se integra 
con el oscuro ambiente de este día, 
que semeja un peñasco de Consuegra 
por su negror y su melancolía. 

Pero, — oh fuerza tenaz del optimismo 
por la que el gran Panglós sueña en su abismo 
y Arquímides confía en su palanca ! — 

me entusiasmé con la bestia carbónica 
al pensar en su fuerte carga tónica 
de leche blanca, enteramente blanca... 



38 — 



CORO 



En la triste región de Coro, 
país donde nada vegeta, 
admirad el árbol sonoro 
que solemos llamar Poeta. 

El cardón se eriza de envidia 
cuando ve su ramaje terso, 
de donde surge, en grata lidia 
de follage y auras, el Verso. 

Y yo me colmo de sorpresa 
al ver sobre tierra de arcilla, 
árbol cuyo verdor no cesa 
y cuyo rumor maravilla. 

Nunca vi gota de rocío 
en el mes que agosto se nombra, 
ni vi nunca fuentes de río 
sino al amparo de la sombra. 



* 

* * 



No me sorprende que a la riba 
del Aqueloo lisonjero, 
puros exámetros escriba 
el sublime y fácil Homero. 

— 39 — 



Ni que al correr del Manzanares, 
su estro de laurel arrope, 
aquel duque de los cantares, 
el jovial y plácido jLope. 

Más, ¿cómo en donde Abril no pinta 
paisajes de finos colores, 
desteje el trovador la cinta 
hecha de pétalos de flores? 

Cómo, en terrenos de secano, 
donde terrible sol dardea, 
donde todo el año es verano, 
sale revestida la idea 
con plumas de mirlo montano? 



Coro fué rico en otro día: 
tuvo arroyos, boscajes, palmas; 
hoy tiene su floresta en almas 
y un murmullo en melodía. 

Cuando los campos, como eriales, 
tumban sus flores verdaderas, 
surge en las ánimas proceras 
copia de flores ideales. 

Kn Coro ved una Proven za 
de estériles campos rojizos 
en donde la musa destrenza 
los áureos y lánguidos rizos ! 

— 40 — 



EL VETERANO 



El sable mohoso de aquel veterano 
de un clavo fornido pende sobre el muro. 
Yace inamovible. — Ya es vieja la mano 
que lo blandió heroico, tajante, seguro. 

Y el viejo soldado le dice una tarde: 
«Descansa, descansa, descansa tranquilo; 
el cielo de orines y mohos te guarde 
por todos los bienes que debo a tu filo ! 

Allá por el año... cuando Palma Sola... 
me hiciste aureola de audaz y de bravo. 
Si tú sacudías la rútila cola, 
qué mar de cabezas, mi límpido esclavo ! 

Contigo a la diestra, yo vine triunfante 
y abriéndome paso— ni un sólo revés ! — 
del Táchira recio, de Coro flamante... 
Ahora en las vegas del Guaire me ves. 

A ti es a quien debo mis verdes conucos, 
mi gordo tabaco, mi nombre, mi fuero. 
Oh !, que si no fuese tu empaque de acero, 
aún estaría trenzando bejucos. 

— 41 — 



Ochenta años cuento. Mi mano tan fuerte 
ya tiembla insegura; tú ni te aletargas 1 
Y a veces de noche te escucho moverte 
como en un proyecto de antañonas cargas ! 

Ya en mis ojos brillan luces medio muertas., 
y tú, frente al foco de las matutinas, 
fulges como en días de nuestras reyertas 
en los deslumbrantes llanos de Barinas ! 

Te dejo a mis hijos. — Repente una pausa.. 
Para que esforzados, como federales, 
defiendan su jefe, luchen por su causa, 
i y doblen sus vegas y sus cacahuales !» 



— 42 ~ 



CUMANES 



De las nostálgicas tierras de Oriente, 
— claras atmósferas, lánguido espíritu, — 
viene a Caracas, es noble y alegre... 
aunque sus ojos quisieran ser tristes. 

Dejó en su álveo, en correr silencioso, 
al Manzanares, de Cumaná guzla, 
y a Cumaná la dejó pensativa, 
y ensimismada en sus noches de luna. 

Viene a Caracas; arriba sediento 
de las históricas aguas del Guaire, 
de verse junto a las lomas azules 
que entusiasmaron a Pérez Bonalde. 

Sus cocoteros joyosos y altos 
cambia por nuestros bucares y ceibas: 
Oh ! los palmares infunden nostalgia, 
no los bucares de rútilas gemas... 

Viene cual un millonario del Norte. 
Trae la rubia cartera nutrida 
con fuertes letras que endosa la casa 
«Fascinación, Juventud, Ca.-)) 

— 43 ~ 



Cree que porta una estrella en la mano 
— como diría el poeta de Eulalia — 
y que lo esperan, abiertos los brazos, 
rojas las bocas, las vírgenes blancas. 

Pasa las noches en largas vigilias 
sobre los libros del arte y la ciencia; 
de arte y de ciencia construye una torre 
donde empinarse hasta la Casiopea. 

Vanas vigilias ! . . . Mancebo fantástico, 
de tu tragedia en esbozo no sabes; 
y mientras luchas por triunfos y glorias 
j sorda trabaja la lepra en tu sangre ! 



— 44 — 



ES FALSO 



Iv'homme est un aprenti : la 
douleur est son maitre. 

(Musset). 

Yo debo ser un sabio si es qu'el dolor enseña, 
porque desde hace tiempo me tomó de la mano, 
me sumergió en sus marjas y me estrujó en su peña 
cual si yo fuese un alga y el fuese el océano. 

De noche he sorprendido su faz magra y cenceña 
clavándome los ojos en ademán insano, 
y de día sus labios, como espinosa breña, 
desgarran mi epidermis con su besar profano. 

Pero el saber que otorgan las penas es mentira; 
el dolor nos azota, nos deshuella y mayuga 
dejándonos tan sólo remordimiento e ira. 

Si es que nos amaestra cuando vil nos enyuga, 
¿ cómo es que no logramos desviarnos de su pira ? 
¿ cómo es que no adquirimos la ciencia de la fuga ? 



45 — 



EN LA ARBOLEDA 



Aquel risueño mango, cual oro de Cipango, 
me sonríe de lejos. \ Oh, qué mórbido mango ! 

Luce, cual tú, mejillas qu'el rojo sol purpura, 
mejillas que provocan lasciva mordedura; 

tiene la piel sedosa como tu cutis fino, 
guarda, como tu boca, miel odorante y vino; 

su placentera forma, redondez exquisita, 
es la de tu semblante, la de tu pecho imita. 

Cayó de la sombría ramazón siempre bella, 
como del cielo oscuro suele caer la estrella; 

Cayó entre los jazmines que suelta el limonero 
y en un maniantal claro, vecino del sendero. 

i Y el manantial preclaro, bonancible, pequeño, 
me parece un estuche de aquel mango risueño ! 

i Qué dulce un mango en este paisaje matinal 
que tanta miel de América diluye en su rosal ! 

Debe ser devorable por medular y pleno, 
porque el fruto ha caído desde el cercado ageno. 

— 46 — 



¿ Por qué me inunda el alma de emociones ambiguas, 
siendo sus dimensiones tan breves, tan exiguas? 

¿ Quién me contestaría que no fuese poeta ? 
Carmen ! el mango, versos y tu mirada quieta. 

Corre al uncioso mango, copón de la ambrosía, 
corre, y dámelo, virgen, mojado en agua fría! 



47 — 



ÁFRICA (*) 



Ante tu muda Esfinge de admiración me embriago 
y ante las cien Pirámides de heroica arquitectura, 
y ante la pertinacia y el brío de Cartago, 
y ante el viento que el rostro del Sahara tortura: 

Pero sé que en tí, África, todo es fosco y aciago, 
que en la casa del mundo tú eres la pieza oscura, 
entre cuyas tinieblas, que conmueve el estrago, 
brillan los sibilinos ojos de la pavura. 

El león es tu huésped; el león vagabundo 
que ruge entre la corte de otras alimañas 
rugientes en la sombra de tu seno profundo; 

Con el simún refrescas tus regiones hurañas, 
y tiznas los colores sonrientes del mundo 
con el vómito negro que arrojan tus entrañas. 



(*) El autor no profesa ideas lebonianas y aquí sólo se alude a la 
inadaptación estética de los nativos del África Central y Meridional. 

— 48 — 



MIRANDA PRESIDIARIO 



Forzó los murallones — por verlo — Michelena: 
sobre camastro duro su ancianidadd reclina 
quien sintió ensortijadas en la rufa melena, 
junto al laurel, las manos blancas de Catalina. 

Ya su rostro, su rostro de majestad serena, 
con la ilusión de gloria viril no se ilumina; 
monótona a su oído retiñe la cadena; 
su música de hierro calmuda lo asesina. 

Cuánto dolor infunden sus venerables canas 
entre cuatro paredes sombrías e inhumanas ! . . . 
¡ Y el par de ojos envueltos en mirada severa ! 

El mártir, el recluso de la prisión fornida, 
probó en su carne anciana dónde cobra la vida 
el amor al augusto cendal de una bandera ! 



— 49 — 



INTERMEDIO 



A veces imagino que soy un gran poeta 
— ilusión vanidosa de muchachos febriles — 
que en mi honor las orquestas resuenan varoniles, 
que para mi ti narciso pudoroso vegeta. 

Me tiendo bajo un árbol, agreste musageta; 
deliro con los astros, sueño con los pensiles, 
mientra en la hojarasca bate sus tamboriles, 
en mi loor, el aura caprichosa y discreta. 

Allí preludio un canto sobre el mullido césped 
— los árboles extrañan al harmonioso huésped 
de intensas fantasías y de ternura enfermo : — 

Y en el himno que vibra como al compás del mundo, 
me sublimo en los raptos de un ritmo furibundo, 
i o en la quietud de un ritmo sosegado me aduermo ! 



— 50 — 



SURSUM 



Una mediana vida yo posea. 

(Rioja), 

No tienes ambiciones. Feliz ! te dirá Rioja. 
Infeliz ! te diría con teda el alma. Pienso 
que cuanto más se ansie de lo alto y lo inmenso 
más flores al cammo la dicha nos arroja. 

Correr desesperado tras la divisa roja 
del poder, tras el humo del merecido incienso, 
aunque al fin de la lucha ni un laurel se recoja, 
es el placer excelsior, el placer más intenso. 

De hazañas imposibles, de triunfos inauditos, 
de águilas conquistadas en cielos infinitos, 
de máximas proezas la fantasía amueblo. 

Tú, que pasas la vida con un pan y un cigarro, 
no concibes la dicha del victorioso carro 
ni la emoción enorme de conducir un pueblo ! 



— 51 — 



BAÑISTA 

Te bañas en el río que atraviesa 
la hacienda roja de los cacahuales. 
Tus niveas carnes, del Aragua presa, 
bajo el cristal del agua son cristales. 

Al sumergir en los ecuóreos chales 
la rósea pulpa, de frescura ilesa, 
en solución efímera de fresa 
tiñes el agua... Inspiras los turpiales. 

El sol, aventurado entre las frondas, 
viene a gozar de tus guedejas blondas; 
eres la amada... Sátiro sol mío ! 

El sol te obsequia eróticas mercedes. 
Y en el río te alongas cuanto puedes 
como anhelando convertirte en río. 



— 52 



LA INVENCIBLE 

iba a su bordo Lope de 

Vega. Hist. de Esp. 

«La Invencible», la fuerte armada, 
archipiélago de galeras, 
se tiende sobre el mar, osada; 
se tiende armígera y preñada 
de las huestes más altaneras. 

Tercios de bizarra apostura 
van en legión innumerable 
sobre la mar soberbia y pura, 
que maravillosa fulgura, 
que vibra como fino sable. 

Allí el pujante lansquenete, 
lava que refluye de Flandes, 
y el infanzón, rudo foete, 
y el piloto recio, ginete 
de las olas fieras y grandes. 

Zarpan... Halagos de la brisa... 
Besos de un sol incandescente... 
Lisonjas de la mar sumisa... 
¡ Triunfar ! como inmóvil divisa 
grava cada uno en su frente. 

— 53 — 



¡ La Invencible ! Tiembla la Europa. 
Se cubre España de ufanía. 
La Invencible, que al mar arropa, 
es como la inmensa garlopa 
del «demonio del íilediódía ». 

El mundo entero se amedrenta 
ante la terrible avalancha... 
pero de pronto la tormenta 
borra la armada corpulenta 
como se borra débil mancha ! 

i Oh Invencible ! La armada fuerte 
deshecha como Partenope, 
¿ por qué tu nombre, si la muerte 
pudo con uü soplo vencerte? 

¿ Acaso por llevar a Lope ? 



— 54 



BXCBLSIOR 



Es la hora de duendes y aquelarres. 
Desde el somo vernal de esta colina 
vemos tenderse la ciudad gaitera 
con su traje de sedas vespertinas. 

Somos los tres un siesnoés románticos... 
Románticos a estilo Siglo XX. 
Amamos la piedad de la solumbra, 
las historias de amor, las ramas verdes... 

Hablamos con fervor de cosas pulcras, 
de héroes, de patria, de poemas... 
Y como es natural, de tiempo en tiempo 
cruza el palique un grano de pimienta. 

Uno proclama : 

«Oh juventud insípida ! 
¡ Y ya pasan de cuatro nuestros lustros ! 
A nuestra edad era otra cosa el Dante, 
y otra Miranda y otra el viejo Hugo !» 

«Va pasando el acero de estos años 
en tanta laxitud, que siento ansias 
de romperla en un ímpetu de loco, — 
como quien rompe una aplastante lápida !» 

— 15 — 



Silencio... Después vienen resurgiendo 
las ilusiones a favor del campo. 
Se habla de gloria, de ambición, ¡ de gloria ! 
Se nombra al Vinci, a Nelson, al Mantuano ! 

Recordamos aquel monte de Roma 
donde una tarde, en efusión, Bolívar... 
La sangre en sus corrientes entusiastas 
nuestras células grises sobreexcita. 

De abajo la ciudad con sus mil ojos, 
ojos de luz azul, que entre sí riman, 
gritar parece: 

«Si triunfáis, oh hijos»... 
i Y nos tiende los brazos como liras ! 



— 56 — 



ONDAS VERNÁCULAS 



Me llego hasta la orilla del olvidado Guaire, 
del Guaire a los antojos de la Ciudad sumiso; 
mariposas ligeras, más ligeras que el aire, 
fingen al otro borde, versicoloro friso. 

Aún las mariposas disfrutan de su encanto, 
de la sombra de encanto que guarda todavía. 
Es ya un raudal sin fuerza, sin limpidez ni canto, 
pero siempre con gotas de amable poesía. 

Difícil es que muera todo un caudal de gloria, 
de vigor o belleza, de juventud o vida: 
Resta siempre aunque sea una flor ilusoria 
en el jardín marchito, si fué el jardín de Armida. 

De la Ciudad ¿cuál otro blasón como su río? 
Era la prenda óptima del caraqueño escudo, 
la más alegre nota de nuestro valle umbrío 
y el contraste de seda para el Avila rudo... 

Fué el Cefiso de tiempos que son hoy leyendarios, 
cuando el Marqués del Toro y las Aristeguieta, 
cuando los gruesos frailes y los pulcros rosarios, 
cuando Miranda, héroe, cuando Bello, poeta... 

— 57 — 



Como ciiuilado entonces por tan soberbio ambiente, 
iba por entre salvias, gárrulo y cristalino. 
Gonzalos lespondían, con trinos, a sus trino, 
lo abanicaban palmas, como a un rey de Oriente. 

Hoy lívidas horruras enturbian sus cristales 
y nadie prueba el agua que del ayer fué almíbar; 
hoy en su faz el pobre refleja sus pañales 
i en su faz, reflectora del dormán de Bolívar ! 

Pero i quién sabe ! ¡ Oh sombras del porvenir oscuro! 
Acaso por sus linfas de un rumor tan sencillo, 
ven^^a ya entre los juncos del breve canastillo 
rodando lentamente algún Moisés futuro ! 



Hermano de los bellos ríos de la Judea, 
de los ríos afables como dioses, y humanos, 
te volvería al brillo de tu hermosura hebrea 
si el destino pusiese la eficacia en mis manos ! 

Te volviera tu auge por amor a Caracas, 
por cariño a tus ondas historiadas y frescas, 
y para que tornasen tus verdes albahacas 
y tus bucares llenos de púrpura y de brescas. 

Río: guarda en recuerdo de mi triste visita 
a tu caudal exiguo como atrofiado músculo, 
esta lluvia de tintes — oblación exquisita 
que en nombre de mi alma te consagra el crepúsculo. 



58 - 



RÁFAGAS 



En boca de A . E. 

Una vez mi pobre alma estremecieron 
ráfagas byronianas. — Yo iba solo 
por un triste camino, en pleno campo, 
y sentí de repente un hondo anhelo 
de orgías, de sublimes noches blancas, 
en donde — oh confusión embriagadora ! — 
las mujeres, los versos y los vinos 
y el sprit celestial se entretejiesen 
como en una guirnalda... 

En torno mío 
la paz era cabal; esa paz honda 
de nuestras noches suramericanas, 
en las que apenas tiemblan las estrellas 
sobre la gran serenidad del cosmos. 
Pero no obstante proseguí mirando 
los lechos de oro, las frementes copas, 
las mujeres de amar, y oí los versos 
que nos penetran voluptuosamente... 

Pero al punto me dije: Oye tú, escucha: 
por qué soñar las vidas imposibles 

— 59 ~ 



para tí ? No recuerdes al Lord máximo ! 
¿Dónde está la Guiccioli? ¿Dónde Shelley? 
¿Dónde el Palacio Conciadino? ¿Dónde 
Venecia, la del mar, la de las góndolas? 

Y tronché mis anhelos byronianos 
cual pimpollos inútiles, inútiles ! 



— 60 — 



NIRVANA 

Solitaria quinta. Camino solo. 
Pesadez tórrida del mediodía. 
El sol, con la rubia altivez de Apolo, 
soltando sus crines de luz en la vía. 

Sube de la tierra un sopor agreste. 
Región del Sahara el ánimo evoca. 
Sobre le campiña, el zafir celeste 
guarda un estirado mutismo de roca. 

No cantan los pájaros: duermen siesta. 
No canta la brisa: duerme la brisa, 
i Oh Dios mío santo ! qué campiña es ésta 
sin un agasajo, sin una sonrisa ! 

En la solitaria y ruinosa quinta 
que se despereza del camino al borde, 
una virgen, cual una cinta, 
una niña, cual im acorde, 

dulce rubia de quince años, ^ 
contemplativa en la ventana, 
inmoviliza los ojos castaños 
en la inmovilidad meridiana. 



— 61 — 



EL LLANTO DEL DANDY 



En la tarde, por la avenida 
se filé el dandy, elegantemente, 
la corbata lucia, tendida 
sobre pechera reluciente; 
con paltó de corte exquisito, 
con pantalones como sables, 
con zapatos Moliere, y el rito 
de perfumes insuperables. 

Su lujoso paludamento 
era de la grandiosa villa 
de la beldad y el pensamiento; 
de París, villa y maravilla. 



Se fué, soñando en la elegancia; 
con elegancias inauditas, 
no vistas en la nueva Francia, 
ni entre los viejos sibaritas. 

Soñaba, frente al horizonte, 
perfume tan puro y tan leve, 
cual un verso de Anacreonte, 
cual una lágrima de Hebe, 

— 62 — 



y vestes regias y de un fausto 
que apenas soñara Petronio, 
sólo posibles para Fausto, 
siervo y amigo del Demonio. 

Y fantaseaba colores 
superiores a los del Iris, 
como los de asiáticas flores, 
como los del manto de Osiris. 



* 
* * 



En tanto de Oriente ascendía - 
luna de pálidos destellos, 
quintaesencia de los más bellos 
tonos de clara pedrería. 

El dandy, el dandy lloró al verla, 
Para su corbata aceituna 
no podría alcanzar la perla, 
la blonda perla de la luna... 



63 — 



UNA. . . 

Me he dedicado en las noches tranquilas, 
cuando hay un poco de brisa y de luna, 
a rebuscar entre rosas y lilas, 
y flores mil, una flor, sólo una... 

Me he consagrado en las dulces niañanaiS, 
cuando despliega sus labios Oriente, 
a sorprender en las regias persianas 
del cielo, un .natiz, solamente... 

Me he dedicado en mis días de asueto, 
cuando el vagar es eglógico y mudo 
sólo a buscar un poema, un soneto... 
Pero mi alma encontrarlo no pudo. 

Y nada encuentro de lo que intranquilo 
buscando voy por la tierra y el mar... 
Cual la del ibis, poeta del Nilo, 
mi vocación es soñar y soñar. 



— 64 



LEYENDO LOS CANTOS BE 
BECKER Y DE MUSSET 



Prusia y Francia desgárrense a dientes 

en bélico afán. 
¿Qué me importan las agnas turgentes 

del Rhin alemán ? 

¿Qué me importa que no haya sentido 

de galos el pié, 
o que lo hayas por Francia oprimido 

glorioso Conde? 

¿Qué me importa que Prusia defienda 

su rubio Jordán 
ni que en tí moje el franco su rienda 

gris Rhin alemán? 

No conozco las ondas augustas 

del río y señor, 
donde hoy bebe impulsiones robustas 

un Emperador. 

No he eacanciado jamás de la viña, 

del jugo de Pan, 
que recubre la vasta campiña 

del Rhin alemán. 



65 



Pero admiro su fuerzas \ Y cuánto ! 

i No más yo lo sé ! 
i Viva el Rhin que dio a Becker un canto 

y un canto a Musset ! 



66 - 



EN LABIOS DE UN DON JUAN 

Dijo Dios : Abrase la roca ! y 
la roca se abrió. 

Decir quiero palabra honda, 
de las que al pecho rectas van, 
como la guija de la sonda 
que dio por tierra con Goliat; 

Decir quiero palabra pura 
— gota de rocío y de luz, — 
la de inconsútil vestidura 
que modulaba el buen Jesús; 

Decir quiero palabra fina 
— un destello de amanecer — 
palabra pulcra y ambarina 
como la de Flaubert. 

¿Y sabes por qué busco hablarte 
una palabra celestial? 
No por un capricho de arte, • 
no por una láurea triunfal... 

Es que no logro que te rindas 
ni a fuerza ni a llanto de amor, 
y como tú en roca te blindas 
he de hablar palabra de Dios. 

— 67 — 



A UNA CHIQUILLA 

Vi desfilar entre un cordón de nubes, 
entre rosadas nubes mañaneras, 
flores de oro, aletas de querubes, 
cintas, máscaras, bréeles y pulseras. 

Vi pasar ojiláno-uidas meninas, 
moviendo los ojillos y las manos, 
y haciéndome reír i oh bailarinas ! 
con sus gestos cristianos y paganos 

Vi una casita de cristal ¡ qué digo í 
de celuloide cruiidor y azul, 
y entrando por el claro de un postigo 
dulce queiub de aurirayado tul. 

Vi muchas cosas de las cosas leves, 
breves, insustanciales y tranquilas 
como los nom.eolvidcs v las nieves: 
¡T 



Todo lo vi chicuela en tus pupilas ! 



6S 



i CALLADO ! 



Díme, poeta eximio, ¿por qué eres taciturno? 
¿Naciste bajo el signo maldito de Saturno? 

Nunca, nunca sabré 
cómo tu alma enorme que padrotea el verso, 
lleva la inmensurable mudez del Universo 

como torvo Auanké. 

En el corrillo alegre tú solo callas. Callas, 

sin que el numen grandioso que riges y avasallas 

puedas espolear... 
¿Para la dulce égloga o el sublime salterio, 
necesitas la muda soledad del misterio, 

la quietud estelar? 

Todos nos sorprendemos de verte siempre mudo, 
i a ti ! púgil del verso formidable y membrudo, 

nuevo Daniel viril. 
En la tertulia donde tus veneros escondes, 
ni afirmas ni interrogas, ni opinas ni respondes, 

icono de marfil. 

Por qué no abrir el pico de ámbar ¡ oh cigüeña ! 
¿Tu mirada de inmotos zafiros en qué sueña, 

colma de limpia luz? 
¿En las rosas de Antonio o en el Tome de Ovidio? 

— 69 — 



¿ En la flor de la vida o en la flor del excidio ? 
¿ En la gloria ? ¿ en la cruz ? 

Muchos por el silencio te juzgarán idiota, 
sin sorprender el número íntimo de la nota 

que vibra en tu mudez. 
Sin ver que, como el mundo, tú silencioso marchas, 
y, como el cielo, sueltas insonoras escarchas 

de eximia palidez. 

Tu necesitas ese confortante mutismo: 

Por su mutismo es grande la noche del abismo 

y el fulgor de Altair... 
En ese gran silencio se fraguan tus poemas 
como en el gran silencio de la tierra, las gemas, 

los diamantes de Ofir... 



70 — 



SUPERVIVENCIA 



La majestuosa cumbre, 
coronada de lumbre, 
se pronuncia triunfal, 
sobre pálido cielo, 
donde apunta su vuelo 
la legión estelar. 

Empedernida y alta, 
con el brillo se esmalta 
del moribundo sol, 
y solemne rehila, 
y en el aire rutila 
su matiz de arrebol. 

Se yergue en apogeo, 
con el noble trofeo 
de un brillante girón: 
cuando todo se encalma, 
debe vibrar su alma, 
latir su corazón. 



La preciosa diadema 
de la cima suprema 

~ 71 — 



pronto se va a extinguir... 
Ya se extinguió... Y ahora, 
la sombra turbadora 
sustituye el zafir. 

Persevera la cima, 
y en la noche sublima 
cuan soberl)io testuz: 
ya no tiene corona, 
más la engríe y entona 
su recuerdo de luz. 

Y ya nada intimida 
a la cúspide erguida 
con arresto viril, 
porque tuvo un momento 
de almo deslumbramiento 
sobre el cielo de abril. 

Oh ! después que preclara 
rina estrofa irradiara 
de mi ser interior, 
como el Avila altivo, 
perpetuaría vivo 
mi orgullo de fulgor. 



■— 11 — 



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